En las místicas aguas del Lago de Pátzcuaro, Michoacán, se esconde una historia donde la fe, la ciencia y una tradición ancestral se entrelazan para salvar a una criatura única: el achoque (Ambystoma dumerilii). Este anfibio, pariente del ajolote, es el ingrediente principal de un jarabe tradicional con profundas raíces culturales y medicinales.

Un Legado Prehispánico, su Proceso y Beneficios
Desde tiempos prehispánicos, el achoque ha sido valorado por el pueblo Purépecha. La receta tradicional del jarabe implica un proceso de elaboración artesanal y muy meticuloso: el achoque (hoy proveniente exclusivamente del criadero en cautiverio) es cocido lentamente junto con una rica mezcla de hierbas medicinales, miel y otros componentes naturales.
El Sabor de la Tradición: Pese a su origen insólito, el jarabe es una preparación agradable. Es un elixir espeso, de color ámbar oscuro, con un perfil de sabor dominante a miel de abeja, notas intensas a hierbas de monte y un ligero regusto a caramelo, característico de la medicina tradicional de la meseta.

Tradicionalmente, se le atribuyen notables beneficios para la salud:
- Vías Respiratorias: Se le considera un potente remedio coadyuvante para afecciones respiratorias como la tos común, el asma y la bronquitis.
- Reconstituyente General: Contribuye a fortalecer el sistema inmunológico y es utilizado como vigorizante en casos de anemia.
Modo de Consumo Tradicional: El jarabe se consume típicamente por vía oral. La dosis tradicional recomendada es de una cucharada (10 ml) tres veces al día, preferiblemente antes de cada comida. Se recomienda mantener el tratamiento por varios días, siguiendo las indicaciones de la botica del convento.
Sin embargo, este legado ancestral se vio gravemente amenazado por la contaminación y la sobreexplotación, lo que llevó al Ambystoma dumerilii a ser catalogado como en peligro crítico de extinción por la UICN.
Las Guardianas de la Especie: Monjas Dominicas al Rescate
Ante este panorama desolador, un bastión de esperanza surgió desde el Convento de la Inmaculada Salud de las Madres Dominicas en Pátzcuaro. Estas religiosas, custodias centenarias de la receta, decidieron que para preservar el remedio, debían salvar a la criatura.

Registraron su proyecto como Unidad de Manejo Ambiental (UMA) «Jimbani Erandi» ante la SEMARNAT. Esta iniciativa asegura que los achoques utilizados provienen exclusivamente de este programa de reproducción controlada.
- Punto de Venta Oficial: El jarabe de achoque se puede adquirir únicamente y de forma directa en la farmacia del propio Convento de las Madres Dominicas en Pátzcuaro.
La Alianza Impensable: Ciencia, Fe y Conservación
Investigadores de la Universidad Michoacana y organizaciones internacionales han unido fuerzas para estudiar la genética del achoque y restaurar el hábitat.
- Potencial Científico: Estudios preliminares sugieren que el achoque posee compuestos con potencial antibiótico o regenerativo, dando validez científica a su uso tradicional.
- Vínculo Económico: Hoy, cada frasco de jarabe vendido en el Convento contribuye directamente al mantenimiento del criadero, transformando el producto ancestral en el motor financiero de la conservación de la especie.

Un Elixir que Simboliza la Resiliencia de Michoacán
El jarabe de achoque y la tenacidad de las Madres Dominicas son la prueba viviente de que la tradición inquebrantable y la ciencia de vanguardia pueden unirse para enfrentar la extinción. El jarabe de achoque es hoy un emblema que encapsula la historia, la fe y la urgente necesidad de proteger la invaluable biodiversidad del legendario Michoacán.


















