
Tras el misticismo y el silencio de los días previos, el Domingo de Resurrección estalla en la región lacustre como un día de júbilo absoluto. Es el cierre triunfal de la Semana Santa, donde la tristeza del sepulcro se transforma en una fiesta de comunidad, gastronomía y renovación de compromisos sagrados.
En Pátzcuaro y sus alrededores, este día no solo marca el fin del ayuno, sino el inicio del ciclo ritual para el próximo año.
La Quema de Judas: El Triunfo sobre el Mal
Desde temprano, el ambiente en las plazas de Pátzcuaro y los pueblos de la ribera es de celebración. Una de las tradiciones más coloridas y esperadas es la Quema de Judas. Grandes figuras de cartonería que representan al traidor Iscariote —y a menudo personifican vicios o figuras que representan el mal social— son colgadas y detonadas entre cohetes y aplausos. Este acto simbólico marca la victoria definitiva del bien sobre el mal y el inicio de un tiempo nuevo.
Tzintzuntzan: La Cena del Centurión y los Nuevos Cargueros
Mientras el sol se pone en la antigua capital purépecha, ocurre uno de los eventos sociopolíticos y religiosos más importantes para la cohesión del pueblo: La designación de los nuevos Cargueros.
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La Cena en casa del Centurión: Quien fungió durante la Semana Santa como el «Centurión» de la Judea (el líder de la guardia romana) abre las puertas de su hogar para ofrecer una cena monumental a la comunidad.
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El Relevo de la Fe: En este marco de hospitalidad y abundancia, se eligen y presentan a los responsables de organizar las celebraciones del año siguiente. Es un sistema de cargos de origen virreinal que garantiza que la tradición no muera. Ser nombrado carguero es un honor supremo y una responsabilidad que define el estatus social y espiritual del individuo en la comunidad.
Gastronomía: El Banquete de la Resurrección
El Domingo es el día en que la cocina michoacana despliega todo su esplendor tras los días de abstinencia. Los mercados de Pátzcuaro se llenan del aroma del pescado blanco, los uchepos de leche, el churipo y las corundas. Es el momento del encuentro familiar en los portales, celebrando no solo la fe, sino la identidad de un pueblo que se reconoce en sus sabores.


