
El Viernes Santo en Pátzcuaro no solo es silencio; es también una galería de arte sacro en movimiento. La Procesión de los Cristos es un evento que sobrecoge por la magnitud de sus imágenes: tallas monumentales que flotan sobre las cabezas de los fieles, desafiando la gravedad y el tiempo.
El Origen: Una Estrategia de Tata Vasco
Para entender lo que vemos hoy, debemos mirar atrás, al siglo XVI. Según documentó el recordado cronista de la ciudad, Enrique Soto González, esta tradición no es un invento moderno. Fue gestada en la época de Vasco de Quiroga como una herramienta pedagógica de evangelización.
Al igual que el Carnaval se usó para dar un sentido cristiano a las fiestas paganas, la procesión buscaba enseñar la Pasión de Cristo de forma visual a los indígenas que no hablaban castellano.
Historia: De la Segregación al Silencio
Antiguamente, esta procesión era un espejo de la sociedad virreinal. Solo salían dos imágenes:
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El Cristo de los Españoles: Venerado por la clase dominante.
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El Cristo de los Naturales (Indígenas): Acompañado en su recorrido por cánticos y alabanzas en lengua p’urhepecha.
Hoy, esa distinción de castas ha desaparecido. Las voces en purépecha se han apagado para dar paso a un silencio sepulcral, que solo se rompe con el paso de las imágenes que ahora provienen de múltiples parroquias y templos de la ciudad, uniendo a todos los barrios en una sola fe.
El Secreto de los Cristos Monumentales: La Pasta de Caña
El visitante suele preguntarse: ¿Cómo pueden cargar figuras tan inmensas durante tanto tiempo? El secreto es una técnica prehispánica perfeccionada en Michoacán: la Pasta de Caña de Maíz (Tatzingueni). Estas imágenes no son de madera maciza (que pesaría toneladas); están hechas con una masa ligera de médula de caña y bulbos de orquídea. Esto permite crear Cristos de dimensiones heroicas, con una expresión de dolor y realismo anatómico impactante, pero lo suficientemente ligeros para ser llevados en andas. Son, literalmente, dioses hechos de la cosecha sagrada de América.
Michoacán: Tierra de Cristos
Esta manifestación es una rareza que Pátzcuaro comparte con muy pocos lugares. Destaca el vínculo con Tlalpujahua, pueblo mágico del oriente michoacano, que realiza su propia procesión el miércoles previo. Sin embargo, la de Pátzcuaro, realizada en la noche mayor del Viernes Santo, posee una atmósfera lacustre y colonial inigualable.
Ver pasar estas imágenes antiguas bajo la luz de las velas no es solo un acto religioso; es ver pasar la historia del arte michoacano frente a tus ojos.

