
En el calendario litúrgico, el Domingo de Ramos marca la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y el inicio oficial de la Semana Santa. Pero en Pátzcuaro y Michoacán, esta fecha tiene un matiz único: aquí la fe se teje con las manos.
El Arte de la Palma Tejida
A diferencia de otras regiones donde se bendicen ramas de olivo o palmas simples, en Pátzcuaro el Domingo de Ramos es una exhibición de destreza artesanal. Desde días antes, artesanos de la Meseta P’urhepecha y la región lacustre se instalan en los atrios de la Basílica de Nuestra Señora de la Salud y del Templo de San Francisco.
Sus manos transforman la fibra vegetal en complejas filigranas: cristos, cálices, custodias y flores tejidas con una rapidez hipnótica. Adquirir una de estas palmas no es solo cumplir con el rito católico; es llevarse a casa una pieza de arte popular efímero que representa el sincretismo de nuestra tierra.
La Bendición en la Basílica
El momento cumbre ocurre durante la misa principal en la Basílica. Ver miles de palmas tejidas agitándose al unísono bajo las naves de piedra es un espectáculo visual conmovedor. Es el banderazo de salida para una semana donde Pátzcuaro se transforma:
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Lo que sigue: A partir de este día, la ciudad cambia de ritmo. Se inician las preparaciones para los Altares de Dolores (que ya se empiezan a ver en algunos lugares aunque su día fuerte es el Viernes previo), se intensifica la venta de la gastronomía de Cuaresma (Capirotada, chiles rellenos) y se siente la llegada de visitantes que buscan el misticismo de nuestros pueblos.
El Domingo de Ramos en Pátzcuaro es la puerta grande: huele a palma fresca, suena a campanas de Basílica y se siente el fervor de una tradición viva.


