Los Días

Viernes Santo en la Región Lacustre: El Sacrificio y los Gigantes de Maíz

El Viernes Santo es el epicentro del misticismo en Michoacán. En nuestra región, la conmemoración de la Pasión de Cristo trasciende lo religioso para convertirse en un despliegue de arte virreinal y tradiciones ancestrales que no tienen paralelo en el resto de México.

Desde las imágenes monumentales de pasta de caña hasta los ritos de expiación física, el Viernes Santo se divide en dos atmósferas potentes que ocurren de manera simultánea: el rigor de Tzintzuntzan y la solemnidad monumental de Pátzcuaro.

Tzintzuntzan: El Drama de la Expiación

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En la antigua capital del Imperio P’urhepecha, el Viernes Santo se vive con una intensidad sobrecogedora. Aquí, la evangelización franciscana del siglo XVI dejó raíces de un realismo profundo que se manifiesta desde el amanecer.

1. La Judea y el Calvario de Pasta de Caña

Durante la mañana y mediodía, el Gran Atrio de los Olivos se convierte en un escenario vivo. Se representan los tribunales de Herodes y Pilato, culminando en la Crucifixión.

  • Autoridad Histórica: Tzintzuntzan es el único lugar que conserva un conjunto completo del Calvario (Cristo, Dimas y Gestas) elaborado íntegramente en pasta de caña de maíz del siglo XVI. Gracias a sus goznes (articulaciones), el Cristo es clavado y desclavado de la cruz con un realismo que estremece a los fieles.

2. Los Penitentes de Grilletes: Un Voto de Sangre

El mayor distintivo de Tzintzuntzan es la penitencia de sus varones, quienes a lo largo del día cumplen mandas extremas:

  • Los Grilletes de la Conquista: Utilizan grilletes de hierro originales que la tradición atribuye a los conquistadores españoles. El diseño del hierro impide apoyar el talón, obligándolos a correr de puntas sobre el empedrado.

  • El Sacrificio Físico: Vestidos solo con un cendal y capucha para proteger su anonimato, realizan recorridos que incluyen el uso de «disciplinas» (látigos) y lazos que tensan el cuerpo, en un acto de fe que busca compartir el dolor del Nazareno.

Pátzcuaro: La Procesión de los Cristos

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Mientras en Tzintzuntzan el enfoque es el sacrificio corporal, en Pátzcuaro la noche se transforma en una procesión de una belleza artística y mística sin igual.

Los Gigantes de Maíz al caer la noche

Al atardecer, Pátzcuaro se ilumina con cirios para recibir la Procesión de los Cristos.

  • Técnica Ancestral: Estas imágenes monumentales están hechas con la técnica del Tatzingueni (pasta de caña de maíz y bulbos de orquídea). Esta tecnología prehispánica permitió crear figuras de gran escala pero de peso ligero, permitiendo que piezas del siglo XVI al XVIII desfilen hoy en hombros por las calles.

  • Saetas y Sentimiento: El recorrido es acompañado por las Saetas, cantos breves y punzantes que expresan el dolor de la comunidad. Es una tradición que une a las comunidades de la ribera e islas del lago, quienes traen sus propios Cristos antiguos para unirse en este río de fe que desemboca en la Basílica.

El Santo Entierro: El Encuentro Final

Al entrar la noche del viernes, ambas poblaciones convergen en la Procesión del Santo Entierro, el último adiós a Jesús antes de la espera del sábado.

  • En Tzintzuntzan, la urna es escoltada por los «Espías» (soldados romanos de rojo y blanco) y el sonido constante de las matracas, mientras los penitentes terminan sus últimas mandas.

  • En Pátzcuaro, la ciudad apaga sus luces comerciales por completo, dejando que el luto se viva en una penumbra absoluta, rota solo por el paso de las imágenes y el fervor de los fieles que acompañan al Cristo yacente.

Vivir el Viernes Santo en la región es ser testigo de cómo el arte, la historia y la devoción humana se funden en un solo suspiro de quinientos años.

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