En Pátzcuaro, el Carnaval se reconoce por el movimiento de sus toritos de petate: figuras construidas y adornadas por manos que conocen el oficio, acompañadas de música y personajes de barrio. La fiesta se celebra en relación con los días anteriores a la Cuaresma, pero sus formas concretas dependen de las comunidades y de quienes la organizan cada año.
La historia local conserva interpretaciones distintas sobre cómo surgió la danza de los toritos: algunos relatos destacan la evangelización colonial y otros observan en ella una apropiación festiva y crítica de símbolos introducidos durante aquel periodo. Ninguna de esas explicaciones debe convertirse en origen único sin documentos que la respalden. Los materiales y adornos también han cambiado; el carrizo, el papel, los textiles y la creatividad de sus constructores forman parte de una tradición viva.
El Carnaval en Pátzcuaro es toda una tradición popular con mucho colorido, gran algarabía y un ambiente de fiesta. También es posible ver interesantes y divertidas manifestaciones Tzurumútaro y otras pobbaciones alededor de la ciudad.

En el calendario tradicional, los días cercanos al Miércoles de Ceniza ofrecen ocasión para que los toritos recorran calles y plazas con música y personajes como el caporal, el caballito y las maringuías. Los grupos y recorridos varían según la organización de cada barrio y de cada edición.
En algunas ediciones también se han realizado encuentros y concursos de toritos, con participación de distintas generaciones. Su realización y sus reglas requieren confirmación en cada convocatoria; no son una garantía permanente del programa.
Durante todo el día, podemos observar diferentes toritos de petate bailando al son de la música que interpretan las bandas de viento por las calles de Pátzcuaro, entrando y saliendo de la Plaza Vasco de Quiroga.

La historiadora patzcuarense Alma Gloria Chávez Castillo comenta que el verdadero Carnaval es una depuración mediante la cual el hombre se deshace de los sentimientos caóticos, liberándose de la violencia y de pasiones turbulentas. La misma palabra “carnaval” tiene su origen en el italiano antiguo, carnelevaer, es decir, “dejar la carne”, porque esta festividad se celebra antes de la Cuaresma, que es el periodo de abstenerse. Según Chávez Castillo, en Michoacán las fiestas de Carnaval implican un gran compromiso por parte de la gente que participa en ellas, ya que desde días antes se prepara lo más atractivo de esta tradición, que es el torito de petate, introducido por los frailes agustinos y aceptado por los indígenas que sincretizaron esta danza.
La tradición refiere que los toritos de petate fueron introducidos en el siglo XVI a tierras michoacanas por Vasco de Quiroga con el fin de llamar la atención y atraer a los indígenas que se habían refugiado en la Sierra ante la presencia y crueldad de los españoles. Los primeros toritos estaban elaborados de pasta de caña, adornados sencillamente con papel de colores; posteriormente se hicieron con armazón de carrizo, piel y cuernos de res, como todavía se conserva la tradición en pueblos y comunidades de la ribera del Lago de Pátzcuaro. En la actualidad se utiliza también un armazón de carrizo o varas forrado de tela o cartón y adornado con papel de china de colores.
Por otra parte, menciona la historiadora, los toritos fueron inventados por los indígenas para hacer burla de las corridas de toros practicadas por los españoles y que Vasco de Quiroga solamente los mejoró y organizó por barrios, quedando obligado cada pueblo y sus habitantes, en común a ayudar en la elaboración del toro y a presentarlo tres días antes al Miércoles de Ceniza. Chávez Castillo señala en su narración, que cada población de Michoacán fue adquiriendo una su forma especial y con algunas variaciones para celebrar el Carnaval, así como para elaborar sus Toritos. La danza contiene los siguientes elementos, aunque depende de las personas, se incluyen uno o más de ellos: los que bailan alrededor, diez personas (actualmente son más), todos varones; el torito, que es una persona que se mete dentro del armazón en forma de toro y es quien se encarga de darle vida y movimientos con brincos y saltos. La maringuía, que representa la mujer del pueblo, y otro individuo disfrazado de diablo, y uno más que representa a la muerte, además del caporal y los rancheros que llevan la indumentaria campesina.
Por su parte, Enrique Soto González, cronista de la ciudad de Pátzcuaro, refiere que quien llegó a este lugar a hacer la misión de evangelizar fue el padre de la Iglesia michoacana, fray Martín de la Coruña, quien encontró mucha resistencia entre la población, por lo que el modo que se encontró para atraer a los indígenas fue con una cosa novedosa que se conocía como lo era el toro. Entonces los franciscanos misioneros inventan un toro con un armazón, elaboran la cabeza con la escultura de un toro y lo forran con un petate, que además se hacen acompañar con la música de chirimías. En la actualidad el toro se hace acompañar con otro tipo de música, como son las bandas de viento.







